En un pequeño pueblo de la Comunidad de Albarracín, en Teruel, lejos de cualquier gran ciudad, de cultura austera y ancestral, se celebra la Semana Santa cada año a pesar de los escasos feligreses,  cargando las imágenes por las calles hasta las eras. Los bombos y tambores acompañan las procesiones. Hoy en día ya incorporan a las mujeres en estas cofradías.