Hay comarcas en España que tienen una densidad de población inferior a las más deshabitadas de Laponia o del norte de Finlandia, ya en las soledades del Círculo Polar Ártico. En estas comarcas, lejos de todas partes, las tradiciones se mantienen arraigadas, verdaderas señales de identidad de lugares olvidados.

La celebración de la Semana Santa, casi sin feligreses, recorriendo las calles solitarias con las imágenes santas, en Orihuela del Tremedal.

En Chequilla, pueblo mimetizado en su entorno, se utiliza la orografía natural para hacer corridas de toros, donde la gente contempla el espectáculo desde lo alto de grandes rocas.

Se recuerda y recupera el oficio de gancheros, los portadores de troncos. Ayudados sólo por un palo con un gancho, los gancheros hacían bajar los troncos flotantes desde el curso alto del río Tajo, hasta llegar a Aranjuez.

Los tambores y bombos no faltan para acompañar cualquier acto festivo en los pueblos más recónditos del bajo Aragón.

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